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1.2.10

La crisis ya se nota (algo) en la emancipación de los hijos

Uno de los efectos esperables de una crisis económica tan profunda como la actual es que los hijos tiendan a abandonar el hogar paterno más tarde. Quizá el factor principal sea la tasa de desempleo juvenil, aunque puede intervenir también la sensación ambiente de que las cosas van mal y, ya se sabe, en tiempos turbulentos mejor no arriesgarse.

En España ya empieza a observarse algo parecido. Con datos de la Encuesta de Población Activa podemos calcular, grosso modo, la tasa de emancipación para varones y mujeres jóvenes en distintas edades. Los emancipados serían todos aquellos individuos representados en la encuesta que no pertenecen a la categoría de hijos o hijas de la persona de referencia del hogar. Si dividimos su número por el total de mujeres/varones de cada tramo de edad, tenemos una tasa de emancipación. Si sube, los jóvenes abandonan antes el nido; si baja, lo contrario. Veamos qué está ocurriendo.

Primero, el caso de los varones. En el gráfico siguiente observamos el comportamiento de la tasa de emancipación de los varones en tres tramos de edad (20 a 24, 25 a 29 y 30 a 34) desde 1987 hasta la actualidad. Como se comprueba, esa tasa cayó en todos los tramos hasta mínimos que se situaron, según la edad, en el año 2000 o en el 2003. Después ascendió, en parte (sólo en parte) como reflejo de la mayor presencia de extranjeros en esas edades. El ascenso fue bastante notable en el tramo de 25 a 29, pues se pasó de mínimos cercanos a 31% a máximos del 47%.



La crisis parece haber detenido ese ascenso o, incluso, haberlo revertido en los tramos de 20 a 24 y de 25 a 29, pero todavía no parece notarse en el de 30 a 34.

En el caso de las mujeres, se observa una trayectoria parecida, aunque con niveles de emancipación superiores.


Igualmente, la crisis parece haber detenido o revertido el ascenso de la emancipación en las mujeres de 20 a 24 y de 25 a 29, pero no está claro que lo haya hecho en el tramo de edad superior.

El ritmo de cambio no hace esperar que se vuelva pronto en los tramos más jóvenes a las tasas mínimas de finales del siglo XX, y el que siga habiendo jóvenes extranjeros en esos tramos de edad hace improbable que se vuelva de nuevo a esas tasas, pero líbreme Dios de hacer predicciones. Ésas sí que las carga el diablo.

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