WonkaPistas

27.7.12

Cuántos son los que peor lo pasan

Como saben, el INE acaba de publicar los resultados de la última Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al 2º trimestre de 2012.Ya saben que la tasa de paro está en máximos históricos y que la ocupación no se recupera. También habrán leído acerca del número de hogares en que todos sus miembros están en paro. Estos hogares forman parte de los que peor lo están pasando con la crisis. Sin embargo, puede que, aun no trabajando ninguno de sus miembros activos, tengan ingresos: el subsidio de desempleo de alguno o algunos, la pensión de jubilación de otro... Peor están  los hogares que no tienen ingresos.

¿Cuántos son los que peor lo pasan? La EPA nos permite conocer el número de hogares en los que hay algún activo, pero todos los activos están parados. Son 1,7 millones de hogares. ¿Y los hogares que no tienen ingresos? La EPA nos proporciona información del número de perceptores de ingresos de los hogares, entendiendo que uno de los miembros del hogar percibe ingresos si está ocupado, recibe una pensión (de jubilación u otro tipo) o recibe un subsidio de desempleo. No cuenta, por tanto, otro tipo de ingresos, como rentas de activos financieros o inmobiliarios, por ejemplo. Los hogares sin ningún perceptor de ingresos, según ese criterio, son 583.000. 

En el gráfico siguiente se ve la evolución de ambos tipos de hogares en los últimos siete años. Hagan click en él para verlo mejor.


Como puede comprobarse, los hogares con todos sus miembros parados han pasado de un mínimo de 379.000 en el tercer trimestre de 2007 a la cifra actual de 1,7 millones. Casi se han quintuplicado.

Los hogares sin ingresos también han crecido mucho, pero no tanto. Partiendo de 343.000 en el tercer trimestre de 2007 no han llegado a duplicarse. 

El gráfico siguiente recoge qué porcentaje representan esos dos tipos de hogares sobre el total de hogares.


Los hogares con todos sus miembros parados han pasado del 2,3 al 10% de todos los hogares. Los hogares sin ingresos han pasado del 2,1 al 3,3%. En el tercer trimestre de 2007 vivían 655.000 personas en los  hogares sin ingresos. Hoy viven 1,27 millones. 

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20.6.10

Asalariados públicos por nacionalidad, sexo y comunidad autónoma (gráficos curiosos LXXXIX)

Como saben los lectores de Wonkapistas, insisto mucho en diferenciar a españoles y extranjeros en las estadísticas españolas que utilizo. Sus circunstancias individuales y sociales son lo suficientemente distintas como para requerir esa diferenciación. Creo que esto es especialmente necesario para entender cómo estamos viviendo la crisis en España.

El otro día presenté unos datos de empleo público por nacionalidad, en los que se comprobaba que, fijándonos sólo en los trabajadores de nacionalidad española, la evolución de los datos era claramente distinta a la que se observaba si utilizábamos cifras agregadas. Pensé en aplicar el mismo criterio a los datos de empleo público por comunidad autónoma, que traté con cierto detalle hace casi dos años. Aquí están los datos. Creo que lo más interesante es comprobar cómo, en el momento por ahora más duro de la crisis, en algunas comunidades autónomas, el empleo público de los españoles tiene un peso bastante alto.

Primero, comprobemos las diferencias para la población total (ya saben, hagan click en el gráfico para verlo bien).

Como ya sabíamos, el mayor porcentaje de empleados públicos sobre el total de ocupados se da en Extremadura (26,3%) y el menor en Cataluña (13,4%). En parte se debe a que en la primera hay muy poquitos inmigrantes (que están ocupados casi exclusivamente en el sector público), mientras que hay muchos en la segunda, pero este hecho, obviamente, sólo explica una parte mínima de las diferencias, como sugiere el siguiente gráfico.

El segundo gráfico presenta el mismo dato (empleados públicos en porcentaje del total de ocupados) teniendo en cuenta sólo a los ocupados españoles.


Lógicamente, el porcentaje sube en todas las comunidades y las diferencias en puntos porcentuales entre los extremos parecen recortarse, pero muy poco: 26,6% para Extremadura y 15,5% para Cataluña.

El tercer gráfico trata sólo de los varones españoles.

Como es fácil de ver, los porcentajes son ahora inferiores, pues el empleo público es claramente inferior en los varones que en las mujeres. Las diferencias entre los extremos se reducen aún más, aunque no se eliminan: 20,2% para Extremadura y 11,0% para Cataluña.

Por último, veamos los datos para las mujeres españolas. Aquí es donde se observan los porcentajes más altos.


Hasta un 24% de las ocupadas españolas trabaja en el sector público, frente a un 15,7% de los ocupados españoles. Y hasta un 36% de las ocupadas españolas residentes en Extremadura está empleada en ese sector. No está mal. Pero incluso en una comunidad autónoma con tan poco empleo público, relativamente hablando, como Cataluña el porcentaje llega hasta el 20,8%.

Es cierto que son datos de tiempo de crisis aguda y que, en condiciones normales (¿normales?), el empleo privado es más abundante, pero los valores absolutos siguen siendo llamativos (1), y las diferencias por sexos y, especialmente, las regionales, más todavía, ¿no creen?

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(1) No me olvido de un comentario de un lector acerca de que la tasa de empleo público español no es tan alta en términos europeos. Eso lo dejamos para otro día.

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1.5.10

Otro espejismo del último boom económico español

La crisis económica que vivimos nos ha recordado que, probablemente, hemos vivido unos cuantos años por encima de nuestras posibilidades, a base de endeudarnos gracias a unos tipos de interés muy bajos. Hay que reconocer que este espejismo ha sido duradero, pero al final donde parecía haber agua sólo había arena, y muy seca. Otro espejismo paralelo fue el de la gran reducción de la tasa de paro. Aunque una parte de la caída se debió al cambio de criterio para contabilizar los parados que tuvo lugar en 2001, hay que reconocer que pasar de niveles que rondaron, casi, el 20% unos cuantos lustros, a niveles próximos al 9/11% entre 2001 y 2007 fue algo notable. Como sabemos, el espejismo se reveló como tal en un par de años y hoy, de nuevo, estamos en niveles del 20%.

La caída de la tasa de paro, tan acusada, provocó, a su vez, varios espejismos más. Uno, el que tampoco hacía falta cambiar mucho en la regulación de nuestro mercado laboral. A fin de cuentas, el empleo había crecido como nunca y la tasa de paro estaba en mínimos de varias décadas.

Los estudios (casi) no cuentan: variante masculina

Uno más: cayó tanto la tasa de paro que cayó mucho para todo el mundo, independientemente de sus cualificaciones. Es decir, hubo un momento en que la tasa de paro de los más educados y la de los menos educados se diferenciaron muy, muy poco. Esto ocurrió especialmente en el caso de los varones. Véanlo en el gráfico siguiente (hagan click en él para ampliarlo).



Como pueden comprobar, entre 2001 y 2007, la diferencia en puntos porcentuales entre la tasa de paro de los menos educados formalmente (aquellos con un nivel máximo de primaria o de primera etapa de secundaria, hoy ESO) y los más educados (estudios superiores) rondó los 3 ó 4 puntos. En los últimos treinta años no se habían dado diferencias tan reducidas.

No es de extrañar que, ante este panorama, muchos adolescentes y jóvenes varones se subieran a la ola del empleo fácil, dedicando menos atención a unos estudios que, a corto plazo, escasamente aseguraban una tasa de paro inferior, y optando más por ingresar directamente, sin cualificaciones, en un mercado de trabajo tan "prometedor". En la construcción y los sectores más dependientes del boom inmobiliario, quiero decir, en los que la falta de cualificaciones dejó de ser un obstáculo, aparentemente.

En el gráfico siguiente puede verse que la opción por abandonar los estudios empezó a ser clara hacia 1996, más o menos cuando comenzó el ciclo alcista. Se observa cómo la caída de tres décadas en la tasa de actividad de los varones de 16 a 19 años se interrumpe bruscamente, tornándose en una subida suave. La caída anterior implicaba que los chicos de esas edades estaban cada vez más inactivos, es decir, se dedicaban cada vez más a estudiar.


También puede observarse cómo desde 1976 las chicas tenían una tasa de actividad inferior a la de los chicos (es decir, estudiaban más) y cómo la caída en su tasa de actividad se interrumpe algo más tarde, dando lugar a un estancamiento. Los datos de 2005 en adelante no son estrictamente comparables. (El cambio brusco entre 1986 y 1987 también ha de deberse a una ruptura de la serie.)

Los estudios (casi) no cuentan: variante femenina

La tasa de actividad de las jóvenes de 20 a 24 también ha sido inferior a la de los varones de esas edades, en buena medida, de nuevo, porque el porcentaje de estudiantes entre ellas era superior. Quizá las chicas (y las jóvenes) no se han enfrentado al mismo espejismo que los chicos. En el gráfico siguiente se ve que no era exactamente el mismo.



Cuando la tasa de paro femenino alcanzó sus mínimos recientes, la diferencia entre la tasa de las mujeres más educadas formalmente y la de las menos educadas rondó los 8 ó 10 puntos, un hiato claramente más amplio que en el caso de los varones (3 ó 4 puntos).

Arena, y no agua

Vuelvan la vista al primer gráfico y reparen en lo que ha ocurrido en los dos últimos años. Las líneas de la tasa de paro por nivel de estudios, tan apretaditas ellas, se han separado mucho y de manera súbita, poniendo a cada cual en su sitio. Ya no son tantos, pero la tasa de paro de los varones con educación primaria se ha disparado desde el 8 al 30%, mientras que la de los que tienen estudios superiores tan sólo, es un decir, se ha remontado desde el 4 al 10,8%. El diferencial ha saltado a los 19 puntos, nunca visto en toda la serie. Debajo del espejismo sólo había arena, de la que usan los albañiles para la mezcla.

En el caso de las mujeres (tercer gráfico), la divergencia actual no es tan acusada, aunque el diferencial entre las tasas de paro las mujeres con estudios primarios y las universitarias también ha crecido, hasta unos 16 puntos. Para ellas el espejismo de "los estudios no importan tanto, a fin de cuentas" fue menos nítido, pero también han descubierto que debajo del reflejo sólo había arena. No de mezcla, en este caso.

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17.12.09

La crisis como "cura" de la "precariedad" laboral en España

Uno de los efectos curiosos de la profunda crisis en que sigue inmersa nuestra economía es que ha reducido muy notablemente uno de los rasgos negativos que habitualmente se achacan a nuestro mercado de trabajo. Unos lo llaman "precarización", otros simplemente hablan de un exceso de contratados temporales en comparación con los países de nuestro entorno europeo. Como ya apunté en otra anotación, allá por abril de este año, como los temporales están siendo los primeros en pagar el pato de la crisis, ese porcentaje (o esa precarización) está cayendo rápido. Sólo al repasar estos días los datos para mis clases me he dado cuenta de lo rápido que está cayendo. Véamoslo, cómo no, con unos cuantos gráficos (ya saben, hagan click en ellos para verlos en todo su esplendor).

En el primero distinguimos asalariados temporales e indefinidos tanto para el sector privado como para el público. En él podemos observar la enorme magnitud de la reducción del número de contratados temporales en el sector privado en los últimos años. Desde el máximo de 4,8 millones en el tercer trimestre de 2006 se ha pasado a la cifra actual de 3,2 millones. Es decir, se ha reducido en 1,5 millones. Por el contrario, el empleo privado indefinido alcanzó su cima en el segundo trimestre de 2008, con 9,7 millones, cifra que ha caído hasta los 9,3 millones en la actualidad.



Recientemente el empleo público ha seguido una tónica muy distinta al privado, tanto el indefinido (básicamente: funcionarios) como el temporal. Puede decirse que en ambos casos ha seguido creciendo durante la crisis.

Si lo vemos en términos porcentuales (gráfico siguiente), el panorama es más nítido. La temporalidad en el sector privado creció enormemente en los años ochenta, a raíz, sobre todo, de las mayores facilidades para esos contratos que se dieron con una nueva legislación en 1984. Se llegó a un primer máximo del 39,2% en el tercer trimestre de 1992 y a un nuevo máximo del 40,9% en el segundo de 1995, tras la crisis de los noventa, en la que la caída del empleo indefinido fue aún más intensa que la del temporal. Desde entonces, la temporalidad en el sector privado cayó paulatinamente hasta el año 2003 (34%), probablemente a causa de la eliminación en 1994 (si no recuerdo mal) de algunas de las facilidades a la contratación temporal y del establecimiento en 1997 de un nuevo tipo de contratos indefinidos, que comportaban una menor indemnización por despido improcedente, y a los que se llegaba a través de la contratación temporal. El último boom de la construcción, de 2004 a 2006/07 quizá es el responsable de que se recuperase la tasa de temporales en esas fechas, volviendo a niveles del 36% en el tercer trimestre de 2006.



Desde entonces, el desplome ha sido estrepitoso, alcanzándose un mínimo del 25,2% en el segundo trimestre de 2009 y del 25,8% en el tercer trimestre. Lo cual nos retrotrae al año 1988, cuatro años después del inicio del despegue de la temporalidad.

En el sector público la historia ha sido distinta, pues en todo el periodo que consideramos nunca ha caído el porcentaje de temporales. Creció rápido en los ochenta, se mantuvo en la primera mitad de los noventa y volvió a crecer, persistentemente, hasta el año 2005, momento en el que se alcanzó, más o menos, un porcentaje similar al actual, de 26,2%, llamativamente superior al privado.

¿La caída reciente de la temporalidad se debe sólo a lo que ha ocurrido en la construcción? Buena parte sí, pero no sólo. Veamos lo que ha ocurrido en los tres sectores más vinculados al ciclo económico: industria, construcción y servicios, sin distinguir en esta ocasión si se trata de asalariados privados o públicos.

En la industria, el nivel absoluto de caída de temporales e indefinidos es muy parecido, aunque una ruptura en la manera de clasificar a los ocupados por ramas impide un cálculo preciso. Si nos fijamos en lo que ha pasado desde el primer trimestre de 2008, los contratados indefinidos han pasado de 2,3 a 2,0 millones (se pierden 263.000 empleos, un 11%) y los temporales lo han hecho de 645.000 a 367.500 (se pierden 278.000 empleos, un 43%). Obviamente, la caída ha sido mucho más intensa entre los temporales.


En la construcción, la cosa está mucho más clara. Si hace tres años eran claramente más los temporales que los indefinidos, ahora se han vuelto las tornas. Desde el primer trimestre de 2008 los indefinidos han pasado de 1,0 a 0,8 millones (se pierden 222.000 empleos, un 21%), mientras que los temporales han caído desde 1,1 a 0,6 millones (perdiéndose 478.000 empleos, un 43%). La caída ha sido mucho más pronunciada entre los segundos.




Por último, veamos lo que ha ocurrido en el sector servicios. Recordemos que aquí la presencia del sector público es notable. Desde el primer trimestre de 2008, el empleo indefinido ha subido desde los 8,2 hasta los 8,6 millones (se ganan 355.000 empleos) y el temporal ha pasado de 3,0 a 2,8 millones (perdiéndose 204.000 empleos). De nuevo, está muy claro que la peor parte la ha llevado el empleo temporal.




Al final, la caída en el porcentaje de temporales se ha dado en los tres sectores considerados, como se ve en el gráfico siguiente. Por tanto, la reducción de la "precariedad" no se debe sólo a la construcción, aunque sí en bastante medida.


En fin, con que la crisis dure algunos trimestres más, a este paso, acabamos con el problema de la temporalidad en España. No porque los temporales se conviertan e indefinidos, sino porque los expulsamos del mercado... Ya saben, el que no se consuela...

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24.7.09

Empleo público y privado en las últimas dos crisis

Ya saben que hoy se han publicado los resultados de la Encuesta de Población Activa correspondientes al segundo trimestre de 2009. También saben que la ocupación ha caído en unas 145.000 personas entre ese trimestre y el primero del año, y que el paro ha aumentado, en el mismo periodo, en más de 125.000 personas. Uno, entre bastantes, de los datos que llama la atención es que la ocupación ha seguido cayendo en el sector privado (casi en 170.000 ocupados), mientras que ha seguido subiendo el número de ocupados en el sector público (en más de 20.000).

Empleo público y privado mantienen una evolución divergente en los últimos trimestres. ¿Ocurrió lo mismo en la crisis de principios de los años noventa del siglo pasado? Podemos observarlo en el siguiente gráfico (click para ampliar).


En el gráfico he referido los niveles de empleo a los existentes en el trimestre de máxima ocupación (3º de 1991, 3º de 2007), tomando un número base de 100. El gráfico muestra los datos de ese trimestre 0 y los siete siguientes. Como sabemos, el empleo está cayendo ahora más que en los años noventa, algo que se acentúa todavía más en el caso del empleo privado.

Sin embargo, a las alturas del séptimo mes post-empleo máximo, el empleo público se sitúa un 4% por encima del nivel que tenía en el trimestre 0, mientras que en la crisis de los noventa el empleo público se situaba en un 2% por debajo. Aunque en ese gráfico no se incluye la variación interanual, el empleo público está creciendo ahora a un 3,7%, mientras que entonces lo hacía a un -1,6% (esto es, caía). La diferencia es muy notable.

El gobierno actual, a estas alturas de la película, por así decirlo, como sabemos, está impulsando mucho el gasto público, probablemente más que lo hizo el gobierno socialista, a las mismas alturas de la película del empleo, en los años noventa. En parte lo hará por convicción, en parte, por oportunidad política, y, en parte, también por el juicio que tengan sobre su margen de maniobra. A mí me da la impresión de que creen tenerlo mayor que el que tenían los socialistas a comienzos de los noventa. Si es así, su juicio tiene una mínima base real en la evolución de los indicadores económicos en los trimestres anteriores.

A la altura del 2º trimestre de 1993, mirando hacia atrás, los gobernantes del momento veían un panorama de gran crecimiento del gasto y el empleo público, sobre todo desde 1989, y como consecuencia, en parte, de las concesiones a los sindicatos, "victoriosos" en la huelga general de diciembre de 1988. El crecimiento del empleo público por entonces puede verse en el siguiente gráfico.


Como ven, el empleo público estaba creciendo a tasas interanuales que llegaron a un máximo del 10% en el tercer trimestre de 1989, con siete trimestre creciendo por encima del 5% interanual. Tanto empleo y gasto públicos hicieron que crecieran enormemente el déficit público y la deuda pública en proporción del PIB.
En la actualidad, los aumentos del gasto público en los últimos años no han tenido los mismos efectos en las cuentas públicas, pues hasta hace relativamente poco éstas se mantuvieron en equilibrio o, incluso, en superávit, y el peso de la deuda pública sobre el PIB, también hasta hace poco, fue descendente. Tampoco ha crecido tanto el empleo público como entonces, como se ve en el gráfico.

El gobierno mira hacia atrás y cree tener margen de maniobra, como, por otra parte, ha afirmado en múltiples ocasiones; no descubro nada nuevo.

¿Y hacia adelante? ¿Hay ese margen de maniobra? Eso es otro cantar, claro, y cualquiera se pone hoy día a hacer predicciones, pero los datos de empleo, tabién público, de la crisis de 1993 sugieren que el margen de maniobra es estrecho. Lo parece, al menos.

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